domingo, 15 de noviembre de 2009

Los nombres y la edad

El otro día Tomate se cabreó con nosotros. Y mucho.

Estábamos arreglando el país (es decir, tomando unas cervezas) cuando a Chutteng se le ocurrió la maravillosa idea de crear un blog. No es que seamos unos creadores natos, ¡ni mucho menos!, pero al momento empezaron a venirnos a la puta cabeza montones de nombres para este, nuestro blog:
- Tomatelabotelladeagua
- borracheraindecente
- H3PO4
- limpiarnoessolobarreryfregar
Y otro muchos (mentira!) que no vienen a colación.

La verdad es que todos dicen verdades sobre nuestras vidas (especialmente doloroso es el 2º), pero como seña de identidad decidimos por erección popular el 3º. La formulación orgánica no es un campo que se domine en nuestra casa (de hecho mi quesito favorito en el trivial era el naranja), pero dado el alto nivel de forofismo que se respira nada mas entrar por a nuestro piso, decidimos decantarnos por la opción que ahora ondea en la cabecera de está página.

Hablo con total naturalidad de mi casa y mis compañeros de piso, todos ellos coadministradores de este blog, y me dispondré a presentarlos (que se jodan si quieren hacerlo ellos personalmente, esta es mi entrada y hago con ella lo que me apetezca). Por orden decreciente de gramos de ácido fosfórico medido por litro de sangre:
- Chutteng, cacereño (aldeano más concretamente), futuro (sic) telemático, madridista hasta la médula. El medidor de acido fosfórico salta por las nubes todos los fines de semana hasta Mayo y todos los martes o miércoles hasta Marzo (octavos o cuartos de final, aprox.) visualizando a su amado mandril.
- Tomate, talaverano (yonki más concretamente), administrador de empresas cuando le viene en gana, parado el resto del tiempo, neo-atlético. Se le revienta cada vez que aplaude un gol merengue.
- Chete, moralo (moralo más concretamente), futuro (esperemos) teleco, deportivista a tiempo parcial, antimandrilista a todas horas. Disfruta viendo el futbol con el resto de habitantes de la casa.
- Talayo, talayuelano (barrio moro del noreste Extremeño), economista, artista, malabarista, culé durante el mes de Mayo (si el barça se está jugando las habichuelas para aquel entonces), el resto del tiempo el futbol se la sopla soberanamente.

Decía yo, antes de liarme e irme por las ramas, que estábamos arreglando el mundo y saltó Tomate con que estaba harto de que le llamáramos así, "Tomate". Para los que no le conozcan, pensarán "Pues vaya mierda de mote". No les juzgo por ello. No obstante a todos ellos les invito a conocerle personalmente para posteriormente darme la razón tras un primer vistazo a sus mofletes colorados. Nos empezó a decir que ya teníamos una edad para utilizar nuestros nombres reales y dejarnos de tonterías de motes, que delante de sus compañeros de curro no teníamos que hacerlo, ni delante de sus padres, de sus amigos, de la autoridad competente...

Nunca he sido una persona de utilizar el nombre exacto de una persona (José Ignacio solo me llamaba mi madre y cuando estaba enfadada) y, de hecho, soy el primero en buscar un mote que acorte el nombre o una terminación cariñosa (-in@, -it@, -ete, y cosicas asín). De todas formas entiendo que hay un momento en la vida de un hombre en el que da el paso más importante de su existencia (junto con el primer gol marcado, la primera novia, el primer coche, la primera visita a un estadio de furgol...): pedir que se use su verdadero nombre.

No se a que edad se suele dar este paso, de hecho el día en el que mi jefe me dijo que cómo quería que me llamara me pilló en un fuera de juego flagrante de 7 metros delante de la defensa y con influencia en el balón y mi mente se puso a trabajar velozmente (el osciloscopio midió un máximo de 0.3 hertzios de frecuencia de computo durante el proceso). Tras el laborioso trabajo mi boca solo acertó a decir... ¡Nacho! Un jefe es un ser superior, como una especie de Florentino para los mandrilistas o un español para los portugueses, y, no se, me daba un poco de pelusa decirle que me llamara Chete.

Tras toda esta sarta de estupideces concluiré diciéndole a Tomate que se joda, que le seguiré llamando igual (quizás ante sus padres le respetaré). Corto y cierro